Por la Redacción de Noticiero Digital
La apertura de sesiones ordinarias 2026 en Intendente Alvear dejó una montaña de números sobre la mesa, pero también algunos silencios que hacen ruido.
La intendenta Agustina García fue quirúrgica al detallar que el 98,71% de la coparticipación se destina a salarios. Sin embargo, en esa gran bolsa de «gastos de personal», faltó una distinción ética y democrática fundamental: ¿Cuánto de ese porcentaje se destina específicamente a sostener la estructura de cargos políticos?

El sacrificio, ¿es parejo?
Es loable el pedido de la jefa comunal hacia el vecino moroso, recordándole que los $471 millones de deuda equivalen a 20 cuadras de asfalto. Pero para que el mensaje de austeridad sea creíble, la transparencia debe ser total.
- La pregunta incómoda: Si el municipio atraviesa una situación financiera donde casi no queda margen para obras con fondos propios, ¿se ha planteado una reducción o congelamiento de los sueldos de la planta política?
- El dato que falta: No se mencionó el escalafón salarial de los funcionarios ni cómo impactan sus haberes en ese presupuesto que, según el discurso, está al límite.
El misterio de los Aportes No Reintegrables (ANR)
Otro gran ausente en el repaso de la gestión 2025 fueron los Aportes No Reintegrables. Estos fondos, que llegan desde Provincia o Nación y que no deben devolverse, son vitales para el oxígeno financiero de cualquier municipio.
- ¿Cuánto recibió Alvear por esta vía el año pasado?
- ¿En qué proyectos específicos se aplicaron?
Al no mencionarlos, queda la sensación de que el municipio depende exclusivamente de la «buena voluntad» del contribuyente local, omitiendo los recursos extraordinarios que deberían fortalecer la caja pública sin pesar en el bolsillo del vecino.
Entre el discurso y el ocultamiento: ¿Por qué Alvear le teme a la Transparencia?
Mientras en el Concejo Deliberante se habla de «rendir cuentas», la realidad judicial cuenta una historia muy distinta. Noticiero Digital ha llevado esta lucha hasta el Superior Tribunal de Justicia, porque la transparencia no es una opción ni un favor: es una obligación legal.
La ley se hizo para que se cumpla, no para que sea un decorado en los discursos. Sin embargo, en nuestra localidad, el acceso a la información pública parece ser un privilegio denegado.
La «Pregunta del Millón»: ¿Qué se oculta?
Si los números están tan claros, ¿por qué el municipio se resiste a entregar los datos sobre los sueldos políticos?
- El Secretario de Asuntos Municipales Pascual Hernández lo sabe.
- El Gobernador Sergio Ziliotto está en conocimiento.
- La Justicia tiene la denuncia en sus manos.
Aun así, el cerrojo informativo persiste. ¿Qué es lo que no quieren que el vecino vea? ¿Acaso el detalle de esos haberes incomodaría a quienes hoy piden «esfuerzo» a los contribuyentes que no llegan a pagar sus tasas?

Conclusión: La transparencia no es una formalidad
Rendir cuentas no es solo decir cuánto se gastó, sino en qué se decidió gastar. No basta con decir cuánto se recibió de coparticipación; la verdadera institucionalidad se demuestra abriendo los libros.
Si el municipio hoy reclama una deuda de $471 millones a los vecinos, el vecino tiene el derecho sagrado de saber exactamente en qué se gasta su dinero. Ocultar información es, en última instancia, una forma de gobernar de espaldas a la gente.
El «Contrato Social» está roto
Desde esta redacción, planteamos una sugerencia incómoda pero necesaria para el vecino: Si no hay transparencia, no hay obligación. El municipio exige cumplimiento, pero ellos mismos incumplen la ley al ocultar los sueldos políticos y los movimientos de los fondos públicos.
Si el contribuyente no sabe a dónde va su dinero ni cuánto ganan los que le piden el esfuerzo, tiene el derecho de preguntarse: ¿Para qué seguir pagando?
Que la deuda siga creciendo hasta que las cuentas se aclaren. Que el «esfuerzo» del que habla la intendenta empiece por casa, abriendo los libros y bajándose los sueldos.
Hasta que el municipio no respete el derecho a la información de los alvearenses, la resistencia del bolsillo es la única herramienta que le queda al ciudadano.





























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