Murió el polémico cura párroco José Miguel Padilla

Dirigió con mano de hierro varias instituciones eclesiásticas de la provincia de San Luis y en La Pampa fue denunciado por abusos sexuales.

 En el juicio,  la cual nuestros medios de comunicación elnoticierodigital.com.ar y lanoticia.ar,  siguieron las instancias desde los tribunales de General Pico, el veredicto en ese juicio  fue absuelto por el beneficio de la duda.

El juicio se realizó en mayo de 2023 y acompañado por su abogado, el sacerdote acudió a cada una de las audiencias con su sotana de capuchino (la congregación que abrazó tras su paso por la provincia).

La muerte ocurrida este lunes del  párroco  José Miguel Padilla cierra una etapa en la que la feligresía puntana lo acompañó y lo cuestionó entre múltiples contradicciones.

El sacerdote, que supo tener un alto perfil y comandar con mano de hierro casi todo lo que tocó, murió a los 70 años refugiado en San Luis desde una serie de denuncias por abuso sexual -de las que fue absuelto- y víctima de una durísima enfermedad.

 Las últimas semanas de vida, el cura las pasó en la habitación Nº 1 del Centro Oncológico San Luis, donde recibía constantes visitas de sus fieles, que  lo veían demacrado, carcomido por el cáncer que se había ramificado por todo su cuerpo.

Incluso a mitad de semana pasada su familia tuvo que salir a desmentir la noticia de su muerte, informada por redes sociales.

Ahora que esa noticia es una realidad, quienes conocieron la historia de Padilla se dividen entre quienes apoyaron y acompañaron al sacerdote durante su trayectoria episcopal y los que rechazaron buena parte de sus acciones. 


Desde su lugar de internación, Padilla se las arreglaba para mandar cadenas de oración mediante audios  de Whatsapp que llamó “Un minuto para el alma”.

Allí, con la voz quebrada, el religioso predicó sin bajar los brazos. “Hay una consigna en nuestra vida: un Ave María y adelante, y ese adelante no se apoya en los hombres sino en la fuerza de la gracia de Dios”, dice, susurrante, en uno de los mensajes. 

 HISTORIA:

La vida del padre José Miguel estuvo signada por la polémica.

De impecable porte, fue capellán del GADA 161 -la denominación que tenía el cuartel puntano del Ejército Argentino por entonces- entre 1980 y 1983 y su participación en el levantamiento carapintada de 1987 en la guarnición local fue tan evidente que las cámaras de televisión lo registraron en la puerta del regimiento.

 Por entonces, Padilla era el ladero más fiel, aunque con algunas internas que con el tiempo se tornaron evidentes,  de Juan Rodolfo Laise, obispo de San Luis desde 1971 hasta el 2001,  juzgado por crímenes de lesa humanidad y fallecido en Roma, en 2019.

Otro hecho que marcó al padre José Miguel y del que fue difícil despegarlo fue de la contención y el refugio que le dio, primero en la iglesia del Carmen en la provincia de San Luis, de la que Padilla fue párroco y luego en el seminario de El Volcán, a Oscar Bianchi, un profesor de natación de Buenos Aires que fue señalado por los padres de Jimena Hernández de violar y asesinar a su pequeña hija, de 11 años, en 1988. El crimen, por supuesto, fue en un colegio católico de Caballito y prescribió en la impunidad. 

Si bien Padilla recorrió buena parte del país, su lugar de residencia más firme y estable fue San Luis, donde acumuló una gran cantidad de seguidores y donde regresó tras la absolución por los delitos de abuso sexual, que fue acusado por un seminarista en Intendente Alvear  el pueblo que marcó para siempre la vida de Padilla en La Pampa, al que  llegó en 2004,  renovó la pequeña capilla y se dedicó a trabajar en la “Fraternidad de Belén”, la orden capuchina que él mismo fundó.

El velorio de Padilla se realizará este martes desde las 9 en la parroquia del Carmen y a las 11 se oficiará una misa en su honor, luego, el cuerpo será trasladado al cementerio San José.

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