El policía Fernando Safenreider, acusado de asesinar al cazador Santiago Garialdi, confesó «escuché el tiro y me encandilé, me asusté como dijeron los psicólogos.
Pensé que me pasaban por arriba y sacudí. Sentí miedo, no le encuentro otra explicación». Le pidieron prisión perpetua.
La fiscal Cecilia Martini pidió la pena más severa, aunque en su alegato no precisó que se trataba de la pena de prisión perpetua. Fue el abogado Eduardo García quien adhiriendo al pedido de la Fiscalía, especificó la pena (de prisión perpetua) lo que evitó un error formal que podría haber favorecido al acusado.
La misma pena pidió el abogado Omar Gebruers, patrocinante de Andrés Casabonne, el conductor de la camioneta que resultó herido por los disparos de Safenreider.
La fiscal y los abogados de la querellas pidieron el procesamiento del policía Norberto García por falso testimonio, ya que declaró que existió un enfrentamiento lo que fue negado por la víctima que resultó herida y por los otros cazadores.
El Tribunal de Audiencia está integrado por los jueces Daniel Saez Zamora, Alejandra Ongaro y Carlos Chapalcaz.
El policía Fernando Safenreider confesó este miércoles en su declaración indagatoria haber disparado contra los cazadores y haber matado al cazador Santiago Garialdi.
«Me encandiló la luz y sacudí. Sentí miedo y no le encuentro explicación», afirmó el policía que en la última jornada previa a los alegatos usó la opción de declarar.
«Nunca quise cometer esta tragedia», dijo el único imputado decidió hablar antes de los alegatos.
Además confesó que “no podía creer que había matado a una persona, me cagué la vida, quise dispararme en ese momento».
El policía aseguró que “nunca me di cuenta de la cantidad de tiros que tiré. Escuché los tiros y las luces que me encandilaban y me cagué todo».
También Safenreider relató lo que ocurrió después de dispararles a los cazadores. Y como reaccionó cuando se confirmó la muerte de Garialdi.
“Después de que pasa todo eso, me acuerdo que García me agarra del brazo y me dice dale boludo, dale que nos van a cagar a tiros, venite.
Yo estaba en el medio de la calle con el arma en la mano, yo no me acuerdo. Lo que si me acuerdo es que yo le tiro y cuando la camioneta se me venía encima me sacudió.
Eso fue una reacción ni siquiera me dio tiempo a decir ¿qué hago, le tiro o no le tiro? Escuche el tiro y me encandilé, me asuste como dijeron los psicólogos.
Pensé que me pasaban por arriba y sacudí, no sé cuántos tiros, reaccioné del cagazo que tenía”, dijo.
“El arma por lo general uno tira y queda cargada y tenía que hacerle para atrás, se saca el cargador y se comprueba para que no queden balas y yo saco el cargador, se me cae y no podía hacer para atrás, me temblaba el pulso.
Hasta que puede sacar la bala esa y nos vamos. Llegamos a mitad de camino, no se si a mitad, cerca de la camioneta o cerca de donde se encontraba Ochoa, no me acuerdo, e íbamos en la camioneta como para el lado de dónde venían los cazadores y Ochoa que venía bajando.
Yo digo por equipo pega la vuelta que nos vienen siguiendo. Yo de acuerdo a lo que me había dicho García de que nos iban a cagar a tiros”, dijo.
“El tiempo no sé, fue un ratito. Como no vimos nada decidimos regresar a la Gloria. Yo creo que cuando llegamos al cargador y que decidimos volver yo le comunico a mi jefe lo que había pasado, pero no me acuerdo bien en que momento le dije, no me acuerdo bien el horario o en que parte del camino”, declaró el policía.
“Llegamos a La Gloria y Lemos estaba esperando porque ya había sido un enfrentamiento no una infracción de caza.
Había sido algo más grande, que no es habitual. Llegamos a La Gloria, estuvimos un ratito ahí. Ochoa y Lemos agarrar el auto Polo de La Gloria, nosotros nos subimos a la S10 y arrancamos de vuelta para el campo.
No sé si habremos hecho cuantos metros, pero fue cerquita, un trecho chiquito. Me entra una llamada a mí de la Subcomisaria de Lonquimay y me dice habla la doctora del hospital de Lonquimay para informar que ha entrado un occiso con un disparo en la cabeza.
Entonces le digo que ya vamos pero fíjense la frialdad para contestarle porque no caía que era yo el que había matado a esa persona.
Habremos hecho cinco metros, dejo el teléfono en el torpedo de la camioneta y le digo negro mate a una persona, yo me voy a pegar un tiro“, relató Safenreider.
En línea con la defensa que ensayó su abogado José Mario Aguerrido, Safenredir dijo que “no estoy preparado para estas situaciones”.
Es una estrategia para descargar en la formación parte de la responsabilidad.
«No me considero una persona hábil tirando con armas. La preparación que tenemos en la policía es poca, mucho físico y poco de armas, habré tirado 10 tiros en toda la carrera.
No estaba preparado para semejante situación», explicó.
Pedido de perdón
En otra parte de declaración, Safenreider le pidió perdón a la familia de la víctima que escuchó entre reclamos y llantos esas palabras.
El pedido de perdón tiene el objetivo de conseguir clemencia o una rebaja de la pena en un hecho penal que Safenreiderr admitió su culpabilidad.
“Me avergüenza mucho lo que ha pasado. Realmente pido perdón señor y le pido perdón a la familia”, dijo Safenreider.
“Espero el momento de hablar con ustedes porque realmente estoy arrepentido. No sé las veces que he llorado. Le pido perdón a mi familia”, afirmó. “Yo le pido perdón señor.
Pase lo que pase cuente conmigo para lo que sea, hasta el día de mi mi muerte cuente conmigo.
Yo le pido perdón”, repitió.
Las últimas palabras de Safenredir fueron: “Jamás quise matarlo, jamás. Perdón”.
Los peritos de Gendarmería
Durante esta jornada declararon los peritos de Gendarmería.
Por pedido de la Fiscalía, Ramón Tavarez (perito), Carlos Barrionuevo (médico forense), Martín Moreno (perito balístico) y Tomás Romero (perito) declararon en forma conjunta.
«Fue una sucesión de tiros rápidos. Dos tiros seguidos para concretar el objetivo», aseguran los especialistas.
«Los disparos de 9 mm fueron a la luz de los reflectores porque estaban encandilados», aseguran los especialistas.
El primer tiro fue a 12 metros y el segundo a 22, según detallaron.
Según el informe de los especialistas la camioneta de los cazadores pasó al lado del patrullero a 40 km/h.
Es decir, que en un segundo recorrían unos 11 metros. El policía García declaró que habían pasado «muy fuerte».
Declararon que el patrullero tenía un impacto de bala en una puerta. Por la ubicación del tiro, el disparo tuvo que ser con la puerta cerrada, sin embargo ambos policías manifestaron que las puertas estaban abiertas. «No se pudo determinar si ese impacto es de ese día», agregaron.
Para ratificar la argumentación que planteará el abogado defensor, José Mario Aguerrido en los alegatos, Safenreider dijo que «no estoy preparado para estas situaciones».
«Nunca quise cometer esta tragedia», aseguró y le pidió perdón a la familia Garialdi.
Desde el lado de la Policía, aseguran que Safenreider y su compañero Norberto García fueron atacados por los cazadores que estaban escapando de un control.
Del otro lado, se expone un típico caso de “gatillo fácil” donde los Garialdi y sus compañeros fueron emboscados mientras cazaban liebres.
El crimen ocurrió alrededor de las 22 del domingo 24 de julio de 2016, en un cruce de caminos entre Lonquimay y La Gloria, a unos 55 kilómetros al este de Santa Rosa.
Según el relato de los cazadores, todos de General Pico, en una Ford F 100 iban cuatro personas: dos en la cabina el conductor, Andrés Enrique Casabonne, y el recolector de las liebres, Juan Costilla- y dos en los cajones de la caja el encargado de la caza con una carabina 22 y reflectorista, Mario Arroyo, y Santiago Garialdi, reflectorista-.
Cuando la camioneta cazadora llegó al cruce de unas calles, recibieron los disparos policiales. Dos de esos balazos dieron en los cazadores: uno a Andrés Casabonne y otro en la cabeza a Santiago Garialdi, que murió.
Después se comprobó que la camioneta de los piquenses tenía tres impactos de bala.





























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