Entre la abundancia y la amenaza: el dilema del maíz récord que no se puede cosechar en La Pampa

Las cosechadoras están detenidas a la orilla de los caminos rurales, con los motores apagados y las tolvas vacías.

A pocos metros, las plantas de maíz muestran espigas pesadas y repletas de grano, el reflejo directo de lo que ya es una campaña histórica.

Sin embargo, en los campos pampeanos no hay ambiente de festejo: hay impaciencia y preocupación. La Pampa se encuentra atrapada en una paradoja inédita: la provincia se encamina a una producción récord de 5,2 millones de toneladas, pero enfrenta, al mismo tiempo, el ritmo de trilla más lento del que se tenga registro.

El obstáculo no es la falta de rinde, sino un enemigo invisible pero implacable: la humedad.

Las inusuales y abundantes lluvias que cayeron durante todo julio saturaron los suelos y dejaron al grano lejos del 14,5% de humedad que exige el mercado para su comercialización.

Al inicio de agosto, apenas se había logrado recolectar cerca del 20% de la superficie sembrada, un contraste dramático frente al más del 50% que habitualmente ya estaría guardado en los silos para esta época del año.

Para los productores, cada día que el maíz pasa en el lote es una apuesta contra el clima. La exposición prolongada a las inclemencias del tiempo multiplica las amenazas: los vientos invernales pueden volcar las plantas débiles y la humedad persistente abre la puerta al desarrollo de hongos y micotoxinas que deterioran la calidad del grano.

 Aunque las pérdidas generales son mínimas a nivel provincial, el daño ya es una realidad dolorosa en puntos concretos: hubo pérdidas de hasta el 5% por anegamientos en zonas como Alta Italia e Intendente Alvear, y por granizo en Dorila y Catriló.

En medio de esta espera tensa, el campo pampeano al menos encontró un alivio en otro cultivo.

La campaña de maní concluyó con un balance excelente, alcanzando las 82 mil toneladas de grano limpio y seco, el mayor volumen de las últimas nueve campañas, con rendimientos que no se veían desde 2021.

Pero con un pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional que anticipa más lluvias por encima de lo normal para los próximos meses, la mirada sigue puesta en el maíz.

Los agricultores miran al cielo y revisan los higrómetros esperando que el sol dé un respiro, con la urgencia de rescatar de la tierra una cosecha que promete ser histórica, siempre y cuando el clima permita finalmente juntarla.

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